jueves, 04 de junio de 2009
Publicado por vivealdia @ 5:42 PM  | De Todo un Poco
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Mire usted a su alrededor, evalúe usted los eventos de su vida y encontrará con facilidad a la gente que le ha hecho daño 
       
Como somos muy poco "promedio", la semana pasada, durante un almuerzo, en lugar de hacer lo que hacen todos en estos casos, nos entretuvimos en familia definiendo un síndrome nuevo.

Todo comenzó cuando mi hijo me preguntó quién era Mr. Smee. Le respondí que era el pirata bueno que andaba con Garfio en el cuento de Peter Pan. Pero ese no es bueno nada, me replicó él, ese es tan malo como Garfio. Y con eso abrió la puerta a un interesante descubrimiento.

Garfio es el epítome de la maldad, sin duda, una maldad vistosa, estentórea, representativa y evidente. Una que merecerá un castigo apocalíptico y moralizante. Pero veamos un poco más allá. El pobre Garfio, si bien es indiscutiblemente malo, actúa de acuerdo a unas justificaciones personales muy claras. El malévolo sujeto desea vengarse de un insoportable adolescente perpetuo que le tiene la vida amargada con su revoloteadera y que fue causante de que un cocodrilo le devorara la mano. Es decir, si consideramos lo doloroso del evento y lo fastidioso que resulta siempre un hombre que no quiere crecer y asumir responsabilidades, encuentro de pronto en las acciones del pirata bastante sentido.

¿Pero qué con Mr. Smee? El regordete de apariencia bonachona resulta ser un cómplice absoluto de todas las fechorías de su jefe. Es además un obediente vehículo para el mal y un pasivo espectador del resultado. Encima de todo, el gordito no tiene un motivo para tanto daño que hace, es decir, el fulano Smee sí es verdaderamente diabólico, sobre todo cuando tomamos en cuenta que a la hora de repartir recompensas y merecidos, sale el viejito ileso y hasta premiado. Algo perturbador y escalofriante sin duda.

Mire usted a su alrededor, evalúe usted los eventos de su vida y encontrará con facilidad a la gente que le ha hecho daño. Estas personas se elevan con claridad y son fácilmente identificables. Usted puede decir que éste la hizo sufrir y que aquella es una mala mujer, como si llevaran el traje rojo y el garfio del pirata maligno. Todos ellos, sin duda cuestionables, han actuado en consecuencia a justificaciones personales relevantes y si pudiéramos ponernos en sus lugares a lo mejor seríamos capaces de comprender el por qué de eso tan terrible que nos han hecho. Pero le sugiero ahora que vea con un poco más de cuidado. 

Mire bien a su alrededor y descubra a los que verdaderamente la hacen sufrir a diario, los que no son evidentes, los que pasivamente observan su dolor y se regocijan secretamente en él, los que parecen buenas personas e incluso se etiquetan como grandes amigos. Estos sujetos, detrás de su aparente bondad, son los verdaderos responsables de muchos de sus padecimientos. Y lo peor es que usted no podrá creerlo. ¿Cómo le reclama usted a Mr. Smee sus malas acciones? ¿Cómo sería usted capaz de condenar al viejito a una muerte tan horrenda como la de Garfio en las fauces del cocodrilo? ¿Cómo puede usted exigirle explicaciones a la amiga solidaria, a la compañera de trabajo leal, a su hermano pasivo-agresivo o a su mismísima progenitora que tanto ha sufrido? Eso sería imposible. Smee, tal y como han hecho muchos a su alrededor, antes de propiciar los daños, se ha encargado de grabarle en su conciencia que él es una víctima y que no merece ni está dispuesto a pagar ninguna consecuencia. Y así seguirán los Mr. Smee del mundo, haciendo sufrir a los incautos como usted y haciéndole pagar sus crímenes a los pobres y valientes villanos que han asumido su rol.

Le propongo que la próxima vez que se sienta usted mal, la próxima vez que sufra, no busque usted a los sospechosos habituales, deténgase un instante antes de etiquetar al culpable y analice a la buena persona que está muy cerca.
Le juro que no va a creer lo que va a descubrir.

Fuente: El Nacional Eme/ luis@luisfernandez.net 


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