domingo, 12 de abril de 2009
Publicado por vivealdia @ 4:14 PM  | De Todo un Poco
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Al igual que el cuchillo y la cuchara, estos instrumentos debieron enfrentar muchos tropiezos para ser considerados imprescindibles.
Carmen Isabel Maracara

Estamos en la cocina y aparecen como por arte de magia los utensilios de siempre. Y consideraríamos de muy mal gusto, ya sentados en torno a la mesa, que de improviso alguien tomase con sus manos la comida… Pero todo depende de la época, pues Teodora Anna Dukaina Selvo, hija del Emperador de Bizancio, Constantino Ducas, allá hacia el siglo XI, fue muy mal vista por usar tenedor. Se consideraba el curioso y nuevo artefacto algo inútil, de una excentricidad apta para seguidores del mal gusto o afeminados. Mucho más lejos llegó san Pedro Damián, obispo de Ostia, quien acusaba al pequeño tridente de instrumento diabólico.

La princesa bizantina, para las celebraciones de su boda en el año 1005 con Doménico Selvo, hijo del Gran Duque de Venecia, habría mandado a fabricar en oro este nuevo cubierto, que posiblemente tendrían entonces un diente en vez de los tres de la actualidad, por lo que fue llamado fourchette, "pincho".

Otras referencias indican que el tenedor apareció en Grecia en el siglo IV, pero la tradición consagra a Teodora como su principal impulsora, la que a su vez no hizo sino llevar a Europa una costumbre ya extendida entre los ricos en Oriente Medio y Bizancio.

La historia cuenta que Carlos V de Francia (1338-1380), en un viaje a Venecia descubre este utensilio, pero dada su fama de afeminado y refinado, fue considerado un objeto cursi y de personas amaneradas. Siglos más tarde, Catalina de Médici (1533) lo puso de moda en la corte francesa e introdujo la costumbre de que cada invitado llegara a una cena con sus propios tenedor y cuchara en una caja llamada cadena. Enrique III, entre los años 1574 a 1589, también trató de extender este utensilio con alguna pequeña variante, pues ya contaba con dos dientes y un mango algo más amplio. El rey Luis XIV de Francia cuando descubrió su utilidad se convirtió en el primer anfitrión europeo en proporcionar juegos completos de cubiertos a sus invitados, suprimiendo la necesidad de la "cadena".

En Italia, el viajero británico Mr. Thomas Coyat, observaría y escribiría en su diario: "Muchos italianos se sirven de un pincho para no tocar los alimentos, para comer los espaguetis, para tomar la carne... No es nada refinado comer con las manos, pues aseguran que no todas las personas tienen las manos limpias". Coyat se lleva esta costumbre a la tradicional Inglaterra. Pero al igual que pasó en Italia, el clero proclamó su uso como un acto impío, argumentando que Dios habría dado al hombre tenedores naturales, sus dedos, por lo que era un "insulto a Él sustituirlos por instrumentos artificiales".

Sobre los cambios en su forma, ya a finales del siglo XVII, los fabricantes añadieron una tercera punta, y en Italia, Gennaro Spadaccini fue el primero en añadir una cuarta y redondearlas, con la idea de facilitar el comer los espaguetis. Finalmente, a comienzos del siglo XVIII, el tenedor curvado fue desarrollado en Alemania, tal como lo conocemos hoy.

El viejo cuchillo
El cuchillo fue el primer utensilio doméstico conocido por el hombre, por supuesto no el moderno de acero, sino aquellos trozos hirientes como agujas, de sílex. La invención del fuego, la aparición del hierro y luego el desarrollo de la técnica de fundir hierro, hizo posible la aparición de los primeros cuchillos metálicos. Sin embargo, éstos tenían en sus inicios un carácter defensivo y no doméstico, lo que implicó restricciones a su uso para detener a delincuentes y constituyó un freno a su evolución y empleo como elemento de corte.

En la segunda mitad del siglo XVIII, con el perfeccionamiento del acero, tienen un auge los llamados cuchillos de bolsillo, que posteriormente evolucionarían a las navajas. Los nuevos materiales y la mejora de la maquinaria y los sistemas de producción, dieron lugar a finales del siglo XIX y principios del XX a una amplia variedad de diseños, totalmente metálicos, o con mangos de muy distintos materiales: madera, plástico, hueso y otros.

Cuchara: un invento marino…
Al igual que el cuchillo, la cuchara también acompaña a la humanidad desde tiempos inmemoriales. El término proviene del latín cochleare, de cochlea, concha, aludiendo así a una de las primeras cucharillas que el hombre usó, proveniente del mar. Por su parte, expertos opinan que desde el Paleolítico se utilizaban diferentes tipos de utensilios para poder tomar los alimentos (pastosos o líquidos); unas veces con forma de pala y otras con un poco más de concavidad. La forma de estos utensilios dependía de la geografía, ya que mientras los pueblos asentados al lado del mar solían utilizar conchas de moluscos para este fin, las comunidades del interior se valían de cortezas, huesos y otras materias primas más accesibles.

Ya a partir del siglo III a.C., la cuchara comienza a emplearse entre las clases altas de las ciudades helenísticas en la mesa; las élites del Imperio Romano dispusieron ya de complejas vajillas con múltiples tipos de cucharas: la pequeña y puntiaguda o cochlear para vaciar y coger huevos, mariscos y caracoles; la ligula, algo mayor, usada para tomar sopas y purés; y la trulla, especie de cazo, con capacidad de un decilitro, para trasvasar líquidos. El uso de este instrumento de manera un poco más masiva se registraría en fecha posterior al siglo XIII en Europa, pues entonces los manuales de buenas costumbres de la época aconsejan ya servirse de la cuchara para tomarlos y no beberlos directamente. De manera que tenedor, cuchillo y cuchara, hoy cotidianos en nuestra mesa, tuvieron que pasar largos siglos para fundirse en nuestras costumbres.

foto: www.shutterstock.com / Yellowj

fuente:www.eluniversal.com/estampastematica


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