domingo, 29 de marzo de 2009
Publicado por vivealdia @ 5:35 PM  | Buen Provecho
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El vino vive en las botellas. Y muere en ellas, sin decirle cuándo. Alcanza su nivel máximo, y después declina. Cuando lo hace, ya no se recupera. Un poco más tarde, o mucho después para los grandes vinos, se arruina.

Las cosas que usted debe tener en cuenta para cuidar sus botellas, son pocas. Fáciles de entender. La forma de comprobar si esto es cierto o no, resulta fácil. Tome una botella de su lote, haga lo contrario, y compruebe después cuál se arruinó primero

Temperatura. Hay dos temperaturas importantes en el vino. Las más conocidas son las de servicio: ningún vino se ofrece a más de 18 grados. La segunda temperatura clave es la de conservación: entre 10 y 14 grados. Con ese frío, una botella vive más, y muere por muerte  natural, cuando el potencial de sus taninos desaparece por envejecimiento largo, excesivo, antes del descorche.

Además de baja, la temperatura debe ser constante. El vino aguanta mal cambios bruscos mayores a los 5 grados. Por eso se deterioran rápido todos los vinos que en restaurantes reciben aire acondicionado mientras están abiertos (21 grados), y quedan expuestos a más de 32 grados cuando el sitio cierra.

El calor -recuérdelo constantemente en el Trópico- acelera el proceso de envejecimiento de lo que está guardado en la botella. Cuando esto no se controla, los vinos primero se agotan y después mueren.

Oscuridad.
Los vinos tintos, que son los que más pueden vivir, se guardan en botellas de color verde oscuro o en botellas completamente negras. Es una necesidad, cara, no un antojo. Se lo protege así de la luz, para que su calidad se preserve.

La luz degrada muy rápido el vino. Las primeras botellas en ser afectadas son las de vinos blancos, el champagne y los demás vinos espumosos. Después, a medida que las antocianas reaccionan, la coloración cambia del rojo violeta, al rojo teja (rojo con amarillo). Un vino viejo tiene ese color teja. Uno vencido, marrón.

En cata, un vino expuesto a la luz sabe a óxido.

Humedad, aislamiento.
El corcho no es un tapón, es un filtro. El vino respira a través del corcho, lenta, pausadamente. Si la humedad es baja (menos del 55%), el tapón se seca, se contrae y permite la entrada de aire. Entonces el vino se oxida.

Si la humedad es excesiva (más del 80%) se producen mohos, hongos y bacterias en el corcho. Esos olores pasarán al vino. La humedad que afecta al corcho como filtro, modifica la calidad del vino.

Por la humedad natural en una nevera común, las botellas no deben guardarse en una nevera común. Ni en una despensa donde hay vinagres, ni en una cava junto a quesos, ni en un garaje, junto a las pinturas.

Ruido y
Vibraciones. Las botellas de valor colocadas a un lado de un motor, sufren y se deterioran. El ruido y las vibraciones fatigan, perturban, el proceso de evolución bioquímica del vino. Especialmente graves son aquellas que se producen de forma regular y continuada.Si las botellas están guardadas en el garaje donde tiene la moto, cada vez que la enciende o llega, el vino llora. No le gusta el ruido de los motores, ni el del rock o la salsa que hace temblar las paredes. En algunas bodegas alrededor del mundo, barricas y botellas duermen a 13° en cavas subterráneas, oyendo canto gregoriano o música clásica. No sé si eso mejora al vino ¡pero queda de una elegancia¡

Aire limpio, circulando.
El vino respira. Vive en las botellas. Si el aire que la rodea está contaminado, acabará con la botella. Cada vez que en las parrilladas y en eventos, Baco observa las botellas en el suelo, en medio de bululú, no puede evitar que una lágrima le cruce el rostro.

Fuente: licoresmundiales.com/blog/ por Prof. Alberto Soria  


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