jueves, 19 de febrero de 2009
Publicado por vivealdia @ 1:37 PM  | En Armonia
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"Mientras que no nos tomemos el tiempo necesario para aquietarnos y estar en contacto con nosotros mismos, no sabremos si hemos vivido realmente o si sólo hemos sobrevivido"

He descubierto que la prisa, los asuntos pendientes, el exceso de responsabilidad, los compromisos cotidianos, las expectativas y los conflictos personales nos impiden hacer el alto necesario para escucharnos, sentirnos y recordar quiénes somos en realidad. Sin ese momento de calma no podremos definir, hacer o disfrutar las cosas que nos gustan; tampoco podremos reconocer aquellos aspectos de nuestra personalidad que necesitamos cambiar porque frenan o afectan nuestro desarrollo, éxito y felicidad.

Sin tener presente quienes somos y hacia dónde vamos, no podremos usar las herramientas que nos ayuden a aligerar el peso emocional que cargamos, sentir la libertad esencial, experimentar el amor y conseguir nuestra realización personal.

Mientras que no nos tomemos el tiempo necesario para aquietarnos y estar en contacto con nosotros mismos, no sabremos si hemos vivido realmente o si sólo hemos sobrevivido, buscando llenar el vacío que percibimos después de conseguir las metas o sueños de otros.

No sé en qué etapa de la vida te encuentres, pero estoy segura de que llegará el momento en que te sentirás preparado para hacerla tuya.

Te sugiero que busques un tiempo de soledad voluntaria, ojalá en la montaña, para que puedas sentarte rodeado de su verde, en el silencio, las veces que sea necesario, para escucharte. Es un proceso sencillo, sólo requiere cumplir con algunos pasos:

Hacer silencio. Apaga conscientemente el "analizador". Cada vez que un pensamiento de juicio o análisis llegue a tu mente, déjalo salir de la misma manera en la que entró, sin prestarle ninguna atención.

Suspira varias veces
. Toma respiraciones profundas y al botar el aire, hazlo por la boca, haciendo un sonido liberador, como "ahhh", imaginando que toda la tensión, el cansancio y las preocupaciones, salen de ti. Practícalo hasta que te sientas aliviado.

Conéctate con la armonía del lugar. Observa el paisaje con toda tu atención. Nota y resalta las formas, los colores, siente la temperatura y alíneate con todo lo que te rodea.

Siéntete agradecido
. Deja que llegue espontáneamente el recuerdo de los buenos momentos, de tus personas queridas y de todos los regalos esenciales que hayas recibido en los últimos días… Agradece y disfruta, una vez más, de cada uno de ellos.

Siente tu cuerpo
. Reconoce el peso y la solidez que tiene tu cuerpo, abrázate o simplemente frota tus brazos o tus piernas para sentirte… ¡estás aquí y ahora! Siente aprecio por él.

Hazte preguntas esenciales. Disfruta de la sensación de paz que experimentas y reconoce tus verdaderos sentimientos, deseos y necesidades.
 
¿Qué siento? Y déjate sentirlo.
¿Qué pienso? Y déjate pensarlo.
¿Qué quiero? Y déjate quererlo y alcanzarlo.

Tal vez descubras la presencia de algunos pensamientos y sentimientos negativos y hasta mezquinos que nunca creíste que podrías tener… ¡no importa!, ¡acéptalos! Porque también reflejan una parte de ti, que te permite conocerte, y, si lo decides, también te motivarán a buscar y a poner en práctica las herramientas que te permitirán cambiarlos por otros más positivos… así, estarás listo para sanar y volver a comenzar.

Hoy, celebro y agradezco, la oportunidad que tuve de sentarme para escucharme una vez más, y tener la oportunidad de limpiar y ordenar mis espacios internos, en aras de experimentar libertad, paz y amor incondicional.

El hombre QUE ELEGIÓ VIVIR

Hoy quiero compartir con ustedes esta historia: "El emperador de China oyó hablar de la sabiduría de un ermita que vivía en las montañas del Norte, y pensó que sería el hombre ideal para que desempeñara el cargo de Primer Ministro del Reino.

Así que le envió unos emisarios, quienes, después de muchos días de viaje, lo encontraron medio desnudo, sentado junto al lago y enfrascado en la pesca. Al principio dudaron de que aquel pudiera ser el hombre a quien en tan alto concepto tenía el emperador, pero igual se acercaron a la orilla y lo llamaron con sumo respeto.

El ermita, sereno y sonriente, caminó sobre el agua hasta la orilla, recibió los ricos presentes enviados por el emperador y, atentamente, escuchó su petición. Cuando al fin comprendió que el Emperador lo requería en palacio a él, para ser Primer Ministro del Reino, empezó a reír sin poder parar, y al fin les dijo a sus desconcertados mensajeros: '¿Si acepto, creen que podré a salir y pescar este pequeño pez, en la mañana, para mi sustento?'.

Apresurados los emisarios le dijeron: 'No, pues tendrías los mejores manjares del mundo traídos de lejanas tierras, preparados por los más selectos cocineros y servidos por atentas mucamas, en blancos manteles de lino y servilletas de la más fina seda, además acompañado siempre del Emperador, y los escogidos personajes de la corte'.

Entonces el ermita, pensativo, les dijo: 'Pues bien, díganme, ¿piensan que este pequeño pescado, criado en este humilde lago, no sería servido, entonces, en la mesa del emperador?'.

'No, venerable señor', respondieron los mensajeros. '
"lo más importante es que nos demos la oportunidad de vivir a plenitud cada momento, resaltando todo lo bueno, lo bello y lo especial que éste pueda contener para nosotros"

Entonces, díganle al emperador que yo tampoco puedo. Prefiero mil veces estar vivo entre estas montañas, que muerto en vida en su palacio, porque allá no dispondré de la paz que este lago me proporciona y que me permite pensar, sentir y disfrutar de estar vivo mientras consigo mi humilde sustento. No podré, encerrado en un palacio, sentir el viento frío o el Sol que me calienta en las mañanas, al estar cubierto con finas prendas.

Tampoco tendré a mis sinceros y desinteresados amigos campesinos, alegres y dicharacheros; ni la tranquilidad necesaria para pensar cómo poder mejorar y crecer como persona, sentado detrás de un cómodo escritorio, lleno de compromisos, papeles y burocracia. Tampoco habrá forma de oír mi corazón ni de sentir mi esencia, pues estaré escuchando a mi Emperador muy querido. Prefiero vivir aquí, mi propia realidad, sin preocuparme por los resultados, pues sólo en esta realidad habita la verdad. Díganle al Emperador que agradezco su ofrecimiento, pero nadie puede estar en un palacio y sentirse vivo'".

Lo más importante es que nos demos la oportunidad de vivir a plenitud a cada momento y experiencia, resaltando todo lo bueno, lo bello, lo importante y lo especial que ésta pueda contener para nosotros. Para ello, es necesario que aprendamos a diferenciar lo trascendente de lo cotidiano, y que tengamos el valor, la claridad y la determinación de construir nuestro estilo de vida tomando en cuenta estas determinantes.


Fuente: www.maytte.com.


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