El autoexamen no sólo es una importante herramienta a la hora de diagnosticar el cáncer de mama, sino también una útil y valiosa forma de conocer mejor nuestra anatomía. Aquí te brindamos algunos elementos que debes tener en cuenta y que te ayudarán a disipar tus angustias a la hora de practicarlo
Diana tiene 26 años de edad. Estando con su novio, descubrió en uno de sus senos un pequeño abultamiento. Ella fuma mucho y dos de sus tías fueron diagnosticadas con cáncer de mama. Frente a estos antecedentes, espera, no sin miedo, una respuesta. Su doctora le ha dicho que no se preocupe: todavía está joven y el abultamiento quizá sea sólo un pequeño quiste.
Rosa, de 27, desarrolló varios quistes en el busto. Esto lo descubrió su doctor y uno de sus senos tuvo que ser reconstruido. Eso fue hace tres años. Actualmente se encuentra tranquila, pero sabe que no debe bajar la guardia y mantener el tratamiento que le fue indicado.
Las historias de Diana y Rosa son fuente útil de conocimiento.
A pesar de su juventud, son casos que nos permiten aprender algunas cosas que nos ayudarán a sentirnos más cómodas a la hora de hacernos el autoexamen.
1 Completamente normal. Es probable que Diana esté totalmente sana. Está comprobado que la mayoría de las féminas presenta abultamientos que son naturales y que se conocen bajo el nombre de condición fibroquística mamaria. Estos pequeños bultos benignos -que representan 80% de los casos- son suaves y pueden moverse con facilidad. Como le ocurrió a Rosa, es muy posible que sean quistes. A esta última su doctor le recomendó removerlos por su tamaño y peso, no porque representaran grandes preocupaciones.
En cuanto a Diana, por su historia, el Dr. Jorge Sánchez Lander, cirujano especialista en ginecología oncológica y mastología, recomienda adelantar la revisión mamográfica, que usualmente se realiza a partir de los 40, para cuando cumpla los 35 años.
2 No todos son iguales, pero algunos se parecen. No hay manera de saber cuáles bultos son cancerígenos y cuáles no. Es por ello que los especialistas, cuando se encuentran frente a casos con altas posibilidades de riesgo,
3 Antes es mejor. Afortunadamente, Diana se topó con el abultamiento en su seno por casualidad. Sin embargo, nuestra salud no debe ser dejada al azar. Examinar nuestros senos con regularidad desde temprana edad nos permitirá detectar cambios bruscos y fuera de lo normal con mayor anticipación. Y cuanto antes se detecte la irregularidad, pues más pronto será diagnosticada y tratada. Si crees que el autoexamen no es suficiente o te sientes insegura, pídele a tu doctor que te ausculte a profundidad.
4 El especialista tiene la última palabra. Diana actuó con inteligencia. Apenas notó el bulto en su pecho, acudió a su ginecóloga y a otros especialistas. Aunque sea probable que estemos bien, eso no significa que no debamos visitar a nuestro médico.
La edad promedio para la ocurrencia de cáncer de mama es de 57 años de edad. Sucede con frecuencia que las mujeres jóvenes no examinan sus senos, aunque cada día se distribuye más información acerca de esta enfermedad. A algunas les parece natural, puesto que se trata de un mal que acosa mayormente a las féminas que han superado la menopausia; no obstante, 1 de cada 210 casos se da en féminas menores de 40.
La edad no debe ser una excusa para evitar conocernos mejor.
Cifras manejadas por la Fundación Senosayuda indican que 70% de los casos de cáncer de mama se descubren gracias al autoexamen, que si bien no es necesario llevar a cabo todos los días, se debe realizar con cierta regularidad, puesto que nos permitirá detectar, gracias a la familiaridad que desarrollemos con nuestros pechos, lo que es corriente en nosotras y lo que no.
Recomiendan exámenes más complejos. No obstante, existen algunas pistas: Lander indica que las protuberancias cancerígenas son, generalmente, duras, firmes y poseen bordes poco definidos.

EL AUTOEXAMEN
El Dr. Jorge Sánchez Lander recomienda autoexaminarse una vez al mes, después de la menstruación, pues durante el sangramiento, nuestros senos pueden presentar cambios por la retención de líquidos que desaparecen después de finalizado el período y que son naturales. Para realizarlo, la Fundación de Lucha Contra el Cáncer de Mama (Funcamama) sugiere:
1 - PARADAS FRENTE AL ESPEJO, observar nuestros pechos y buscar asimetrías, cambios de color, masas, retracciones y variaciones en la piel.
2 - EN LA DUCHA, DIVIDIR LA MAMA EN CUATRO PARTES Y PALPAR CUIDADOSAMENTE. Con la yema de los dedos índice, medio y anular ejercemos distintos grados de presión sobre el seno, prestando especial atención al pezón y observando si hay algún tipo de secreción.
3 - ACOSTADAS CON UNA ALMOHADA BAJO LOS HOMBROS, repetimos el procedimiento que llevamos a cabo durante el baño, explorando además otras zonas cercanas al busto, como las axilas y la parte alta del escote.
La forma de estos nódulos no siempre es redonda, así como tampoco todos los casos de cáncer de mama presentan nódulos.
Y aunque no todo está dicho con respecto a esta condición, hay algunas cosas a las que no debemos dejar de prestar atención: los cambios. Piel fruncida, variación del color, hinchazón, retraimiento del pezón, venas exageradamente marcadas, hundimientos y secreciones son factores que debemos tener en cuenta.
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Fuente: El Nacional Eme EQUIPO EME | lectoraseme@el-nacional.com FOTOGRAFÍAS | MARCEL CIFUENTES | marcelcifuentes@gmail.com |