Este muy aromático vegetal, utilizado en algunos países de Europa para engalanar sus comidas, tiene además propiedades medicinales que lo han convertido desde tiempos inmemoriales en una opción natural para aplacar antipáticas molestias.
Tres Pocas cosas en contra pueden endilgársele al hinojo, más allá de que su característico aroma anisado resulte antipático para algunas personas. Es así y, sin embargo, el resto de sus propiedades -medicinales y culinarias, especialmente- erigen a esta planta en toda una reina.
En cuanto al buen filón que se le puede sacar al hinojo en la cocina, quien ya lo ha probado -y descarta con ello el mito de su insostenible sabor a anís, comprobando más bien que es matizado y por ende hasta sabroso cuando se mastica- termina enamorándose perdidamente de esta hortaliza; mientras que quien todavía no lo ha hecho, está pendiente por descubrir todo un mundo dentro de este regalo ofrecido por la naturaleza.
Con respecto a sus facultades medicinales, es imposible hablar de ellas sin antes haberse ocupado de otras honduras: es tanta, tanta, la fe que se le ha tenido desde tiempos inmemoriales al hinojo, que se ha llegado a saber de madres de varios siglos atrás que lo masticaban y echaban el aliento sobre la cara de sus niños queriendo con eso ahuyentarles enfermedades oculares. Mucho antes, según refiere la literatura griega, no faltaban quienes en víspera del solsticio de verano colgaran en las puertas de sus casas un manojo de ramas de hinojo para evitar que los malos espíritus visitaran ese hogar.
"Brujerías" aparte, con respecto a las muchas propiedades para la salud que se le atribuyen al hinojo, ya los papiros egipcios daban cuenta de la facultad de esta planta para evitar flatulencias y combatir con eficacia ciertos trastornos digestivos como los cólicos; sumándosele luego investigaciones científicas donde se confirmaron estos atributos, además de los de atacar otras dolencias como catarros de garganta y bronquios, asma y tosferina, entre otras; igualmente -y es aquí cuando habrá que admitir que una madre pocas veces se equivoca- ha quedado comprobado que, gracias a la acción que tiene el hinojo sobre la inflamación, ayuda a mejorar la conjuntivitis, el orzuelo y la hinchazón de los párpados.
Cosa distinta, no obstante, lo que se ha dicho sobre sus poderes para incrementar la secreción de leche materna. Por un lado, muchos coinciden en que sí la favorecen; otros científicos, advierten sobre la ausencia de datos que avalen dichos beneficios, por lo cual sugieren que la planta (en cualquiera de sus presentaciones medicinales como infusiones, extractos, tinturas, jarabes y aceites esenciales, e incluso suministrada como alimento) no sea ingerida por mujeres que amamantan; así como tampoco, valga advertir, por aquellas que están embarazadas.
Algo parecido aplica con personas epilépticas, a quienes se les recomienda usar el hinojo con extrema precaución debido a su posible efecto neurotóxico y epileptógeno (es decir, puede propiciar convulsiones); al igual que en pacientes con hipertiroidismo, a quienes se les recomienda no tomarlo debido a su alto contenido de yodo.
Otras contraindicaciones apuntan a niños menores de seis años, a pacientes con gastritis, o con úlceras gastroduodenales, síndrome del intestino irritable, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, hepatopatías, mal de Parkinson u otras enfermedades neurológicas, además de personas que padecen alergias respiratorias.
Sin desperdicios
El hinojo (Foeniculum vulgare) pertenece a la familia de las plantas umbelíferas
(esto es, aquellas que se caracterizan por ser muy aromáticas por lo cual se usan como condimentos), conociéndosele por tanto como pariente del eneldo, el cilantro y el perejil. Aunque vive en las riberas mediterráneas, se cultiva en todo el mundo, particularmente en climas templados, y llegan a crecer en inusuales lugares como las cunetas de las carreteras europeas.
Su más predominante principio activo es el aceite esencial rico en anetol, que se consigue en su fruto (semillas) y es el responsable no sólo de su aroma anisado sino, además, de tonificar los procesos digestivos y reducir ciertos trastornos gástricos. También posee sales minerales y vitaminas.
Otras cosas más se pueden decir a favor del hinojo al tocar el tema de sus propiedades nutritivas: si bien es una hortaliza rica en hidratos de carbono y fibra, se caracteriza por un escaso aporte de calorías, con lo cual se convierte en un vegetal muy conveniente para quienes cuidan su figura. Además, por su alto contenido fibroso, produce saciedad... ¿Y qué mejor que sentirse lleno para no caer en peligrosas tentaciones?
Concretamente, lo que se utiliza mayormente en la cocina es el bulbo del hinojo dulce, que se puede consumir como cualquier otra hortaliza o se puede añadir a platos con proteínas; con lo cual, por cierto, puede contribuir a hacerlos más digestivos.
Sin embargo, no es tan sencillo conseguir recetas específicas que contengan este ingrediente como el principal protagonista. Por lo pronto, es bueno saber que el hinojo puede quedar muy bien en ensaladas crudas si se aprovechan sus bulbos tiernos y los tallos gruesos y carnosos (muy similares a las del célery) que conforman la penca de este vegetal. En la cocina italiana y francesa es muy utilizada y suele prepararse con pescados como el salmón, carnes como el cordero, en sopas o, sencillamente, caramelizados en el horno o crudo como el célery. Amén de combinado con papas al horno.
A la par de esto, se encuentra el agradable aroma que despiden los tallos y las hojas del hinojo, pero sobre todo las semillas de la planta, razón por la cual suelen ser muy utilizadas como condimento. De hecho, la industria alimenticia mundial no ha perdido el tiempo, aprovechando el aceite esencial de la planta para procesarlo como saborizante o aromatizante. l
María Elisa Espinosa mespinosa@eluniversal.com
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