Por muy duro que suene, el amor no basta. Aquí, algunos conceptos que si bien no garantizan el éxito de una relación, pueden ayudar a mantener la estabilidad para procurar la felicidad.
Irene Carrasquero
"Con un poco de serenidad podríamos darnos cuenta de que el amor nos debe llevar al interés por el otro y, a la vez, al respeto de su libertad", dice el sacerdote Fernando Pascual. Y agrega: "La vida matrimonial no garantiza un dominio absoluto sobre la voluntad de la otra parte".
De eso parece tratarse: una fórmula que mantenga el "nosotros" respetando -y a la vez fortaleciendo- el "tú" y el "yo". Una cotidiana contradicción difícil de lograr.
La comunicación: Dialogar y ser honestos
La comunicación es un concepto tan básico como complejo. Todas las parejas hablan, sí. Pero, ¿todas se comunican? No necesariamente. En esta materia, la honestidad, por sobre todas las cosas, juega un rol fundamental. Hablar claro, sin mentiras ni secretos; una transparencia vital que sienta las bases de la confianza mutua.
Algunos consejos pueden ayudar a mejorar la comunicación en la pareja, con lo cual muchas veces los problemas se hacen más sencillos de solucionar:
Tratar de buscar siempre una solución al problema, acordando qué hará concretamente cada uno al respecto.
El respeto: Valorar todo lo que involucra la pareja
Desacuerdos van haber. Eso es seguro. Lo importante es que éstos no interfieran demasiado en la relación y que sean resueltos con madurez y buena voluntad.
Para ello, el respeto es una bandera que debe ser izada desde el momento mismo en que se inicia la relación, lo cual permitirá a la pareja salir airosa de cualquier desavenencia.
Aceptar las diferencias personales es un aspecto fundamental del respeto. Ambos deben fomentar la tolerancia y aprender a convivir con el otro tal y como es, con sus gustos, sus ideas, su percepción de la vida, sus defectos y sus cualidades. Está en cada uno, pero sin presión ni obligación, decidir cambiar lo que considere necesario para hacer feliz al otro y mejorar la relación.
También el respeto tiene que ver con tratar al otro con educación y consideración, aceptando sus opiniones y puntos de vista. Los insultos, los gritos y la ridiculización del compañero no deben ser una opción en una relación sana.
Cada uno debe igualmente respetar el espacio del otro, ayudándole a que dedique parte de su tiempo a las actividades que le gustan, valorando su trabajo y dejándolo libre para que construya también su propio mundo.
Y además de respetarse mutuamente, los miembros de una pareja deben respetar la misma relación, dándole la importancia que merece, dedicándole tiempo, cuidándola y haciendo el mayor esfuerzo para que funcione.
La sexualidad: Aprovechar el lenguaje del cuerpo
Un pilar fundamental en la relación de pareja. La sexualidad le permite acercarse en el más íntimo de los terrenos, donde es el cuerpo el que habla y las palabras no siempre son necesarias.
Es común que la rutina afecte de manera importante la vida sexual y, al haber problemas en este ámbito, casi con seguridad los habrá también en el funcionamiento de la pareja. Más grave aún, no siempre se le da a la sexualidad la importancia que merece, siendo las mujeres las que más incurren en este error.
La mejor arma contra el cansancio y la rutina es la creatividad. Tener iniciativa, buscarse nuevos juegos, propuestas distintas y evitar que cada relación sexual se convierta en una sesión rutinaria y repetitiva.
Adicionalmente, es fundamental que la pareja converse sobre el tema. Que cada uno deje saber sus deseos, sus necesidades y sus sueños. Ello permitirá hacer las relaciones más dinámicas y placenteras.
La confianza: Entregarse al otro
Dice por ahí un consejo: "Abre bien los ojos antes de entablar una relación. Estando allí, ciérralos". Los miembros de una pareja deben confiar "con los ojos cerrados" el uno en el otro. La confianza mutua es primordial y constituye la base para la tranquilidad y la armonía.Una relación en la que no hay confianza estará seguramente plagada de inseguridades, celos, malos entendidos y constantes discordias por los asuntos más básicos como la fidelidad y el dinero.
En las parejas sanas, la confianza genera confianza. Hay que confiar para que el otro confíe, un círculo que debe establecerse desde el momento mismo en que se inicia la relación, antes de que haya un compromiso y una historia en común.
La cooperación: Equilibrar las tareas
Toda relación de pareja necesita de la participación y la solidaridad. Se trata de distribuir, de la manera más equitativa posible, las responsabilidades en el hogar. Si es el hombre quien trabaja y mantiene la economía, y la mujer la responsable por las labores del hogar, que ello no sea excluyente y que ambas partes colaboren con la otra, haciendo más ligera la carga para los dos.
Pero no sólo el trabajo, sino también las preocupaciones, las alegrías y las tristezas deben compartirse: cooperar con el otro para distribuirse en partes iguales lo que angustia, lo que produce felicidad y lo que, por el contrario, genera desilusión. O como dice la canción: comerse las verdes y las maduras.
El afecto: Nutrir la relación
Uno de los principales nutrientes de una relación es el afecto, entendido como el contacto físico cotidiano que se da y se recibe: los besos, los abrazos, los cariños y las palabras suaves. Este afecto, cultivado día a día, permite a uno y otro miembro de la pareja aumentar su autoestima, mejorar su humor y aliviarse de las tensiones cotidianas.
Pero a pesar de lo importante que es y lo fácil que parece, muchas parejas tienen dificultades para expresarse afecto mutuamente, negándose la posibilidad de esta sencilla intimidad.
El afecto cotidiano expresado oportunamente constituye un lenguaje común que permite profundizar la confianza y el interés por el otro, además mejorar la vida sexual, ligándola a la afectividad.
Las manifestaciones diarias de afecto son, por último, un modelo sumamente positivo para los hijos y sentará las bases para que ellos, en un futuro, sean también capaces de exteriorizar sus sentimientos y emociones hacia sus propias parejas.
La creatividad: Explorar nuevas opciones
Un error común en muchos matrimonios es dar por sentado que todo va a funcionar, porque existe amor y ya hay un lazo estrecho de compromiso. Pero la realidad es otra. El amor es primordial, pero también necesita ser cultivado para que se mantenga.
Es fundamental que la pareja fomente la complicidad, a través de intercambios propios, íntimos y muy personales, guardando y defendiendo además un espacio para el "nosotros", independiente y único.
Son innumerables las opciones para rescatar la ilusión y luchar contra la rutina. La mejor manera es inventar actividades conjuntas, lejos de los hijos y fuera del día a día de ambos. Si no es posible hacerlas fuera de casa, entonces crearlas en ella, aprovechando la cercanía y el calor del hogar
Conexiones
www.pulevasalud.com
www.geomundos.com
www.mujer.terra.es
www.hacerfamilia.net
3 ENEMIGOS
» Los gritos y el silencio. Cuando se llega a los gritos o peor aún, a un profundo silencio, no es fácil retroceder. Estas situaciones se dan probablemente porque no se ha sabido conversar, discutir maduramente y corregir a tiempo los desacuerdos. Las soluciones se logran con la comunicación, que debe estar cargada de perdón, entrega y servicio.
» La rutina. Es el peor de los venenos para una relación. La monotonía acaba con el amor y hace de la vida en pareja la suma de larguísimos y tediosísimos días que no ofrecen ningún estímulo. Estar conscientes de que la rutina puede ser muy destructora ayudará a pensar en actividades distintas y crear situaciones que motiven.
» La infidelidad. No se es infiel sólo cuando se tiene una relación fuera de la pareja. La infidelidad comienza en el momento en que se piensa o se dice que hubiera sido mejor elegir otro compañero. O cuando se habla en público de sus defectos, o las quejas se expresan a terceros. Es infiel también el que deja al otro vivir su vida sin acompañarlo y ayudarlo. Hay que estar pendientes de estas pequeñas e importantes infidelidades. Pueden convertirse en algo mayor.
Fuente: eluniversal.com/estampastematica