lunes, 18 de agosto de 2008
Publicado por vivealdia @ 4:13 PM  | Bienestar
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De acuerdo con una nueva investigación, las cualidades que el mundo necesita con mayor desesperación -amor, bondad y compasión- pueden enseñarse
Por Amanda Gardner

La tecnología de diagnóstico por imágenes muestra que las personas que practican una meditación dirigida a la bondad y la compasión realmente sufren cambios en determinadas áreas del cerebro, gracias a los cuales están más en armonía con lo que sienten los demás. "Existe la posibilidad de que uno se adiestre para comportarse de una forma que sea más benevolente y altruista," señaló uno de los autores del estudio, Antoine Lutz, investigador de la Universidad de Wisconsin-Madison.

Sin embargo, aún se desconoce hasta qué punto se puede extrapolar esta idea. "Creo que no hay duda de que la gente puede beneficiarse de estas prácticas", dijo el doctor Louis Teichholz, director médico de medicina complementaria y jefe de cardiología del centro médico de la Universidad Hackensack, en Nueva Jersey. "Pienso que la interrogante es con cuánta facilidad se puede adquirir un nivel de adiestramiento suficiente para que se experimente una diferencia clínica, y no creo que este estudio responda eso".

Recientes estudios que involucran generación de imágenes del cerebro sugieren que la ínsula y las regiones de la corteza cingulada anterior tienen que ver con la respuesta empática al dolor de las demás personas. Pero no se sabe mucho sobre cómo cultivar la compasión podría afectar los circuitos cerebrales.

Por otra parte, investigaciones previas han indicado que la meditación puede reducir la reacción del cerebro al dolor, así como mejorar realmente la salud cardiovascular al disminuir el riesgo de síndrome metabólico. "El principal objetivo de la investigación era determinar si algunas cualidades positivas, tales como bondad y compasión o, en general, un comportamiento altruista, pueden considerarse destrezas y si se pueden enseñar", explicó Lutz.

Así como el entrenamiento en los deportes, el ajedrez o la música genera cambios funcionales y estructurales en el cerebro, los investigadores de Wisconsin querían comprobar si cultivar la compasión mediante la práctica de la meditación también produce cambios cerebrales -lo cual sugiere la idea de que la compasión se puede considerar una habilidad aprendida.

En el estudio participaron 32 personas: 16 monjes tibetanos y practicantes laicos que habían meditado durante, al menos, 10.000 horas a lo largo de su vida ("los expertos"); y 16 sujetos de control a quienes sólo les habían enseñado lo básico de la meditación compasiva ("los novicios").

El principal autor del informe, Richard Davidson, profesor de psiquiatría y psicología de la Universidad de Wisconsin-Madison y experto en generación de imágenes sobre los efectos de la meditación, ha colaborado con el Dalai Lama desde 1992 para estudiar los cerebros de los monjes tibetanos.

En el estudio, a los individuos en el grupo de control les indicaron que desearan bienestar y salud, primero, a sus seres amados y, luego, que desearan estos beneficios a la humanidad en general. "Investigamos si había alguna diferencia entre los expertos y los novicios en cuanto a generar compasión, con la idea de que una práctica fundamental en esta tradición de meditación consiste en cultivar estas emociones positivas", dijo Lutz. "Queríamos ver si había diferencia en la forma en que reaccionaba el cerebro".

La MEDITACIÓN puede reducir la reacción del CEREBRO al dolor, así como mejorar realmente la salud cardiovascular  al disminuir el riesgo de síndrome metabólico

Cada participante fue conectado a un dispositivo de generación de imágenes por resonancia magnética tanto cuando meditaban como cuando no lo hacían. Durante cada estado, los participantes escuchaban sonidos ideados para provocar respuestas: el sonido negativo de una mujer angustiada, el sonido positivo de un bebé riendo y el sonido neutro del ruido ambiental de un restaurante.

"Demostramos que se produce una activación alterada de los circuitos del cerebro que antes se vinculaba con empatía y adopción de la perspectiva del otro, o con la capacidad de comprender las intenciones y los estados mentales del otro, y que, más específicamente, la ínsula se encontraba más activa, en particular en la respuesta a sonidos de emociones negativas", señaló Lutz.

Especialmente en los monjes, estas áreas del cerebro se activaban incluso más cuando escuchaban los sollozos de la mujer angustiada, agregó.

Los autores del estudio esperan que los hallazgos puedan ayudar algún día en una amplia gama de problemas, entre ellos disminuir la incidencia de niños bravucones (los que amedrentan a los demás) en la escuela o ayudar a la gente con depresión. "El siguiente paso es ver si esto funciona," dijo Lutz. "Si funciona, puede aplicarse en poblaciones seleccionadas -por ejemplo, gente deprimida o, de forma más general, en la educación".

Fuente Healthday / The New York Times Syndicate. Derechos El Universal. Traducción: José Peralta
www. shuterstock.com.ve / Christian Wheatley
eluniversal.com/estampas

 


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