sábado, 26 de julio de 2008
Publicado por vivealdia @ 4:23 PM  | Entretenimiento
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Él es el "papá" de Woody y Buzz Lightyear, el inventor de los Monsters Inc. y el escritor y director de Buscando a Nemo. Todo en Domingo conversó en exclusiva con Andrew Stanton -uno de los pilares de los estudios Pixar- a propósito del estreno de WALL·E, la más reciente película de Disney. El artista revela aquí los pormenores de esta historia de amor robótico, que llegará a las salas venezolanas el 8 de agosto

Son el primer chicharrón de las piñatas y los chupeteros de anime; sonríen desde los útiles escolares y las repisas de los cuartos, se lucen en la ropa y saludan desde los cuentos. Los personajes de Pixar y Disney están ya bordados en el imaginario global, y sus diálogos se repiten hasta en los sueños de esos padres santos que ven las mismas películas varios cientos de veces. Y por ahí, labrado en el inconsciente, se esconde el nombre de Andrew Stanton, ese señor al que los fanáticos del cine de animación le montarían un altar y le llevarían ofrendas de cotufas si pudieran. Fue él quien escribió el guión de Toy Story 1 y 2, Bichos y Monsters Inc; el que escribió y dirigió Buscando a Nemo, el productor de Ratatouille, la voz de Fred en Cars. El mismo que ahora contraataca con WALL·E.

Escrita y dirigida por Stanton, la nueva película de Disney y Pixar plantea un planeta recalentado y atestado de basura, que los humanos abandonaron por inhóspito hace 700 años. Sólo queda

WALL·E, un humilde artefacto que tiene sobre sus bisagras la titánica tarea de limpiar la Tierra. Su soledad se acaba con la llegada de EVE, una sonda enviada desde el exilio humano para investigar si el planeta ya es nuevamente habitable. A grandes rasgos, la premisa de Stanton es una historia de amor robótico, de la cual depende el desenlace de la especie humana; el detalle es que WALL·E y EVE tienen que arreglárselas para entenderse con acciones y sonidos, ya que ninguno de los dos fue programado para hablar. "Quería que las máquinas se comunicaran según como fueron construidas, que cada cual tuviera su propio lenguaje electrónico y un aspecto fiel a su propósito utilitario", explica el artista.

-¿No se pusieron nerviosos en Disney cuando supieron que los protagonistas de WALL·E no saben hablar?

-Afortunadamente no tuve que consultarlo con mucha gente.Empecé a trabajar en esta película en 2004, y para ese momento Disney y Pixar no se estaban llevando muy bien. Cuando se reconciliaron ya era demasiado tarde (risas)... Pero ellos también nos apoyaron; si lo del diálogo los puso nerviosos en algún momento, nunca me lo dijeron. A mí no me preocupaba tanto porque no lo veía como "falta de diálogo", sino como un lenguaje diferente. Mi trabajo es que no tengas que esforzarte demasiado en seguir la trama: si te cuesta, entonces fui yo el que falló como narrador. Para mí, es como visitar un lugar distinto dentro de ti mismo como espectador, como cuando ves una mascota o un bebé: te parece lindo y él trata de comunicarse pero no puede, y tú completas lo que crees que quiere decirte. `Le caigo bien, me quiere'. Son códigos distintos, pero estás tan involucrado que apelas a tu propio bagaje emocional. Ése es un elemento muy poderoso y sentía que podía ser muy especial en esta película si lograba usarlo bien.

-Después de Buscando a Nemo, ¿cuál fue su mayor reto como director con WALL·E?
-Tener que hacer experimentos con todo lo que sé, no sólo como animador.

Todos los elementos de una película comunican algo y uno trata de usarlos coherentemente, como instrumentos de una orquesta. En este caso, cuando sacas el diálogo dejas un hueco, y repentinamente la iluminación tiene que ser óptima; el encuadre, la música, la edición: todo tiene que ser más preciso para enfocar la atención de la audiencia a donde uno quiere que vaya. Para nosotros fue una gran lección de cómo podemos mejorar en todo.

-Con cada estreno, todo el mundo está pendiente de cuál va a ser el próximo clásico de Disney, y también cuál va a ser el nuevo hit de Pixar. ¿No es una responsabilidad muy grande para un animador? ¿Cómo lidia con esa presión? -Afortunadamente sólo siento la presión cuando ya estoy en esta etapa del proceso, pero cuando estoy trabajando no lo pienso. Lo que sí me intimida a diario en el camino es que todos mis compañeros en Pixar son muy talentosos y tienen estándares altísimos, y yo me doy cuenta si algo no está funcionando sólo por su actitud. Eso sí que me persigue. ¿Fui lo suficientemente bueno hoy?

-¿Ése es su mayor miedo?
-Cuando estoy haciendo una película, sí. Mi mayor miedo es que se den cuenta de que no soy tan bueno después de todo, aunque he descubierto que los artistas que yo respeto también tienen ese temor. Creo que es el karma de los que siempre queremos lograr más.


REDONDOS Y DESPISTADOS
Un hecho curioso salta a la vista. Según Stanton, la humanidad del futuro es obesa, consumista y un tanto ajena a la realidad. Aunque esta aproximación parece quizás demasiado osada para una película de Disney -en un país donde lo extra-large abunda-, el autor la sustenta como la consecuencia de vivir por demasiado tiempo en el espacio.

-Hay gente que opinaría que WALL·E es una crítica a la sociedad de consumo, al sedentarismo, a la alienación que puede producir la tecnología. -Honestamente no estaba tratando de criticar esas cosas. Necesitaba un mundo lleno de basura y se me ocurrió que la única excusa es que compráramos demasiadas cosas. Por otro lado, me imaginé a los humanos así porque científicamente una persona pierde mucha masa ósea al vivir en gravedad cero.

 Robots con su corazoncito

WALL·E son las siglas de Waste Allocation Load Lifter-Earth-class . En cristiano, es un pequeño compactador móvil de basura, que se quedó solo en el mundo después de que el planeta se convirtiera en un gran relleno sanitario y de que todos sus compañeros se echaran a perder. La única compañía de WALL·E es una amable cucaracha, y su pasatiempo es coleccionar perolitos que le parecen curiosos: yesqueros, cubos de Rubik, luces de arbolito. También es fanático del romántico musical Hello, Dolly! , y cual Adán mecánico, sueña con que el cielo le mande una compañera.

Su monótona y trabajadora "vida" cambia con la llegada de EVE ( Extraterrestrial Vegetation Evaluator ), una fría y sofisticada robot de investigación que llega a la Tierra con su poderoso escáner, buscando formas de vida vegetal como un indicio de que los humanos ya pueden volver y repoblar el planeta. Cuando EVE termina abrupta pero exitosamente su misión, WALL·E la persigue hasta el crucero espacial en el que han vivido los humanos durante los últimos 700 años. Es una generación tan obesa y sedentaria que ni siquiera sabe caminar, absorbida por la tecnología y el consumo. Bajo semejante panorama, los dos artefactos protagónicos tienen entre sus pinzas el futuro de la humanidad.

Idea pendiente 
¿Qué pasaría si todos los humanos abandonaran la Tierra, y a alguien se le olvidara apagar al último robot? WALL·E empezó a rodar en la cabeza de Andrew Stanton durante un almuerzo de trabajo hace 14 años; fue la misma reunión legendaria de donde surgió la idea de hacer Bichos, Monsters Inc.y Buscando a Nemo ."Hay gente que compara a  WALL·E con E.T. o Corto circuito , pero no me inspiré en ninguna de los dos. ¿Para qué querríamos copiarlos? Si hay algún parecido, es inconsciente", dice el artista.

¿Cómo sabe cuándo una de sus ideas tiene potencial? "Siempre es una corazonada. En un día normal, muchas ideas no funcionan y una o dos sí, y otros días resulta que la mitad de tu idea funciona y la otra mitad no. La gente tiene una impresión extraña de Pixar porque supone que siempre tenemos unas ideas perfectas y maravillosas, pero no siempre fueron así. La verdad es que básicamente somos muy torpes todos los días durante los cuatro años que nos toma hacer una película, pero nos esforzamos mucho y después todo funciona".

 En realidad mi mensaje con WALL·E es uno solo: que el amor irracional vence la programación de la vida. Que todos podemos caer en rutinas casi como robots, y esos hábitos nos desvían de nuestro objetivo vital, que son las relaciones humanas. A veces hace falta que alguien tome una acción irracional de amor para romper eso, porque solemos echar mano de muchas cosas para distraernos de tratar realmente al otro, de amar. Todas las demás situaciones son un marco para explicar un mundo que ha olvidado su razón de ser. Y por un buen rato, el único personaje en toda la película que entiende, así sea ingenuamente, cuál es el punto de la vida humana, es un pequeño robot. Por lo demás no tengo otra agenda. Sólo estaba usando la lógica para transmitir esa historia de amor.

-¿Tiene pensada una segunda parte para WALL·E-Ya he pasado cuatro años con él y de momento estoy hasta aquí de los robots. Mi vida es muy corta (risas). Es más emocionante hacer algo diferente.

No estoy en contra de que se hagan secuelas de las películas que he hecho, pero dudo que sea yo el que las haga. Si alguien viene con una idea muy buena o si se me ocurre algo decente, probablemente ayudaría a impulsarlo, pero a mí no me gusta repetirme...

Ahorita otro equipo de Pixar ha estado trabajando en Toy Story 3. No la estoy haciendo yo, pero he supervisado un par de cosas.

-¿Le parece que es posible hacer una tercera parte exitosa?
-Yo también me he preguntado eso.

¿Qué puede decir uno a estas alturas de nuevo o de interesante para que una tercera parte valga la pena? Afortunadamente todos estamos claros en que Toy Story 3 tiene que ser tan buena como las otras dos y estamos trabajando muy duro para eso.

                               

-¿Hace estudios de mercado antes de lanzar una película?
-Yo respeto demasiado al público y no creo en los focus groups, porque pienso que si tratas de adelantarte o de adivinar qué quiere la gente, haces una mala película. Por otro lado, si tienes una historia muy bien contada, todas las edades la captan, y eso mismo es el reflejo de qué tan hábil seas como narrador; pero si empiezas a pensar cómo atontarla o simplificarla para que los niños "la entiendan", los degradas y los irrespetas. Hay que darles crédito, porque por lo general son mucho más inteligentes y más sabios que los adultos.

-¿Y qué siente al ver por primera vez una de sus películas completas? -Una de las cosas más frustrantes para un realizador -especialmente cuando hacemos una película que toma tanto tiempo, como ésta- es que lo primero que se nos escapa por la ventana es la objetividad: es como cuando te ves demasiado tiempo en el espejo y empiezas a descubrirte todos los defectos. Al final uno está tan molido que dice "creo que está bien. Ojalá". Honestamente, el año pasado fue la primera vez que por fin pude ver Buscando a Nemo y disfrutarla un poco más como espectador, en lugar de verla como mi trabajo. Es como una maldición, porque uno no disfruta el resultado tanto como el público.

 -Todas sus cintas con Pixar han sido éxitos de taquilla. ¿Siente que hay gente que está esperando que falle en cualquier momento?
-Por supuesto. A nadie le gusta la gente que tiene muchos éxitos. Cada vez que tengo oportunidad de hacer una película, no doy por sentado que voy a poder hacer otra; siempre la asumo como mi última oportunidad de hacer algo bueno. En Pixar nos matamos para hacer algo que a nosotros mismos nos gustaría ver, y creo que si empezáramos a obsesionarnos con esa racha, haríamos una mala película.

-¿Pero ha considerado que tarde o temprano se va a equivocar?
-Tiene lógica; yo sé que nos tiene que pasar algún día, pero es que pensar en eso no me ayuda a hacer una buena película. Éste es mi trabajo y sé qué hacer. Yo nací para esto.

Decadencia triunfal

Esta cinta empieza con rascacielos de basura, con paisajes ocres y desolados. Quizás las primeras escenas de WALL·E no resulten demasiado atractivas si se las compara con el colorido de otras piezas como Monsters Inc . o Buscando a Nemo . De hecho, también habrá quien acuda con cierto escepticismo a la sala, convencido de que ese pequeño armatoste oxidado y solitario no será capaz de granjearse sus afectos. Sin embargo, una de las indudables virtudes de expresivo WALL·E es su capacidad de ganarse al espectador, y más de uno llega a replantearse si no será ésta la verdadera obra cumbre de Pixar hasta la fecha.

"Hace poco leí una reseña sobre WALL·E que decía: "No es sólo es una gran cinta animada. Es una gran película". Ese es el mejor comentario que he podido recibir, porque desde Toy Story hemos estado tratando de suspender esa separación mental que la gente hace cuando dice que tal cosa es animada y hay que juzgarla distinto a las demás películas", comenta Andrew Stanton.


+ en microchips 

* El cantante Peter Gabriel es el encargado del cierre musical de WALL·E , con una tema titulado "Down to Earth". Andrew Stanton es fan del cantautor y le encomendó esta misión.

*El veterano sonidista Ben Burtt -ganador de cuatro Oscares- diseñó las "voces" y ruidos de los robots de la cinta. Burtt es conocido por su trabajo en el diseño sonoro de la saga de Star Wars : a él se le atribuyen los sonidos del sable de luz, la voz de R2D2 y la respiración de Darth Vader.

*Algunos segmentos de la película incluyen escenas con actores de carne y hueso. Es la primera vez que Pixar utiliza este recurso en una de sus cintas.

*El guión contiene guiños a otras películas de ciencia-ficción, como Blade Runner y2001: Odisea en el Espacio . En la versión en inglés, Sigourney Weaver hace la voz de una fría y maquiavélica computadora central.

*El look blanco, estilizado y minimalista de EVE contó con la asesoría de Jonathan Ive, jefe de diseño de Apple y responsable de las líneas del iPod, el iPhone y las iMac

¿Tú también?

A sus 42 años, Andrew Stanton confiesa que era el típico niño que dibujaba garabatos en clase todo el tiempo. "Pero yo quería ser actor. Siempre hacía peliculitas y obras de teatro con mis amigos; también quería ser estrella de rock y tocaba guitarra.

No sabía qué hacer con mi vida". En sus manos cayó un folleto del California Institute of Arts, que ofrecía un programa de cuatro años para convertirse en animador. El joven aspirante se las vio negras para conseguir su cupo, pues sólo aceptaban 25 alumnos al año, de todas partes del mundo.

"Yo ni siquiera sabía que eso lo enseñaban, pero quería hacerlo. Finalmente lo logré después de dos años, y cuando conocí a mis compañeros me di cuenta de que yo no era nada especial, que yo era un arquetipo: hay una categoría de personas a las que les gusta animar y yo soy uno de ellos. Es como si hubiera encontrado a mi gente; de aquí soy", se ríe. "Cuando conversábamos, mis compañeros me decían: `¿tú creías que tu bicicleta pasaba frío cuando la dejabas afuera en la lluvia, o que tu pececito se sentía siempre muy solo, y que las hojas le tenían miedo a las alturas cuando se caían de los árboles? ¡Yo también!' (risas). Sí, nosotros somos esa clase de personas".

 

Fuente:El Nacional Todo en Domingo
MAGALY RODRÍGUEZ mrodriguez@el-nacional.com MÉXICO D.F.
FOTOGRAFÍAS CORTESÍA BUENA VISTA INTERNATIONAL PICTURES


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