sábado, 26 de julio de 2008
Publicado por vivealdia @ 12:56 PM
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Una amiga, más joven que yo, me comenta que está ofendidísima, molesta, arrecha pues, porque últimamente le ha dado a la gente por llamarla "señora". Como no es la única a la que el adjetivo le irrita, analicemos las causas de esta molestia y las razones por las cuales cada día más mujeres se niegan a ser "señoras".

En primer lugar, definamos lo que "señora" significa. En la definición de diccionario, señora implica "esposa". Sin embargo, el significado se extiende de "mujer casada" a "mujer de cierta edad que tiene buena conducta" y llega hasta extremos tan contradictorios como "véase también, Nuestra Señora" e incluso "señora de compañía". Es decir, señora es lo que a usted le dé la gana pensar. De virgen a puta, de ama de casa abnegada a mujer equis, mayorcita y de buena reputación. De modo que en el caso de mi amiga, señora era igual a vieja y de allí su molestia, supuse.

Pero a diferencia de ella, que de seguro es algo liberal y posiblemente en ciertos círculos tiene alguito de mala fama, no podemos negar que hay cientos, miles, un millón de ustedes que si algo desean es ser "la señora de...", por lo que la definición señora = esposa cobra protagonismo aunque algunas de ustedes ya sientan que existen por lo que son y hacen en la vida y no en función de un peores-nada que las represente.

Ahora vayamos más allá todavía. Cabrujas, genial como siempre, tituló así una de sus novelas más exitosas y, justamente, la señora que lideraba la historia era todo lo contrario a lo que el título sugería de acuerdo con las definiciones tradicionales. Colocarse la etiqueta, en este caso, era para la protagonista un arma de supervivencia que le permitía ocultar lo que en realidad era. Por aquí comenzó la definición de señora a sonarme más cercana, al menos a mí, que me ha dado por observar meticulosamente a los que prefieren parecer que ser.

No creo que todas las señoras intenten ocultar pasados oscuros. De hecho, creo que la mayoría de las señoras que existen son, efectivamente e incluso a pesar de ellas mismas, mujeres abnegadas y sufridas, víctimas de algún esposo, pero sobre todo, de sus propios prejuicios. No obstante, aquella mujer que desesperadamente desea obtener el título de señora, señora digna, toda una dama, pues, daría la impresión de que intenta tapar algo de sí que siente incorrecto.

La etiqueta entonces se ramifica en implicaciones.

En los años ochenta, Melissa pegó del techo un himno a la mujer liberada de sus prejuicios. "¡No soy una señora de una conducta intachable en la vida!" cantaba con su voz carrasposa y sexy y miles de ustedes, señoras, lo coreaban, aun en silencio, bajito, a solas en la cola en el carro. Es posible, invitaba la canción, salir del clóset, quitarse el incómodo corsé de la palabrita y soltarse el moño, sobre todo después de cierta edad que es cuando toda liberación cobra un real sentido.

Pero la canción terminaba, se iba en fade, y con el silencio volvía la necesidad de presentarse al mundo de acuerdo a lo que se estila y bajaba la mujer del carro convertida nuevamente en señora a buscar a los niños en el colegio.

Es muy probable que usted tenga una conducta intachable la mayor parte del tiempo, es posible que alguna también se sienta poca cosa o culpable o puta y de allí su urgencia por colocarse el título y ocultar lo otro, es probable incluso que pase de los treinta y se sienta paloabajo y de allí que la palabra le ofenda por ratificarle que ya supera la edad de la venezolana promedio. Pero le digo una cosa: la ofensa o la virtud, la complejidad del asunto, los significados e implicaciones de la palabra provienen exclusivamente de usted, mujer, y sus creencias, que miren que para el hombre, ser un señor, no significa nadita de nada.


"...Creo que la mayoría de las señoras que existen son, efectivamente e incluso a pesar de ellas mismas, mujeres abnegadas y sufridas, víctimas de algún esposo, pero sobre todo, de sus propios prejuicios"



Fuente:El Nacional Eme

Luis Fernández
luis@luisfernandez.net


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