Nada es más parecido a la vida misma que un viaje largo con escala por American Airlines.
Si usted quiere comprender, por ejemplo, las razones de su úlcera y cómo combatirla, o cómo mitigar ese desasosiego que le embarga a veces ante los eventos que le toca vivir, acompáñenos en este periplo promedio de la parejita Lazo-Fernández.
Nos levantamos, después de haber trabajado hasta tarde, a golpe de 5:00 am. Mi esposa, diva y mujer, necesita un par de horas de producción para salir a la calle, pero prefiere dormir, de modo que se instala unas gafas de estrella de cine y sale, arreada por mí, sin maquillaje.
Llegados al aeropuerto, cumplimos con nuestros requisitos habituales de pasajeros. Una de las empleadas de la aerolínea en cuestión nos indica que el vuelo saldrá con retraso y que perderemos la conexión en Miami, curiosamente, mi aeropuerto preferido (y no escatime usted aquí el tono irónico). Nosotros, que venimos exhaustos ya, hemos pagado un sobreprecio exorbitante para irnos en primera clase y poder dormir un poco, pero "lamentablemente" nos dice la chica con su tonito de estarnos haciendo el favor, tendremos que conectar en turista en el puesto 34-C porque el otro vuelo está sobrevendido.
Allí, la inmamable parejita Lazo-Fernández respira profundo y se lo toma con soda, no queda otra.
Antes de abordar, en la cola del último chequeo de seguridad, otra de las empleadas acude para pedirnos que nos tomemos una foto con ella que es "muy fans". Uno quisiera explicarle que a esa hora nos sabe a mierda que sea "muy fans", pero para no entrar en detalles, nos tomamos la foto. La mujer se coloca en su mostrador y aprovechando la coyuntura, decidimos formarnos en su fila, ya que es tan "fans", a lo mejor nos hace la cosa más sencilla. Al llegar nuevamente frente a ella, la mujer, mirando la foto del pasaporte, le dice a Mimi que se quite los lentes. Mimi le dice que ni loca, como es natural, pero ella replica que es asunto de seguridad interna y ahora con tonito de funcionaria increpa "polfavor que se retire los lentes ya le dije ya". Mimi le dice que llame al gerente, al encargado, al presidente, a quien ella le de la gana, pero primero muerta. El encargado acude y la mujer le explica que la señora no quiere cumplir con los reglamentos de seguridad. Mimi, ante la perspectiva insólita de entrar en semejante disputa, se quita los lentes. Las demás empleadas niegan con la cabeza comprobando que somos conflictivos, y al pasar el "control" comentan lo vueltos mierda que estamos.
Como somos controladores compulsivos, nos asusta un poco volar, de modo que, una vez sentados en el avión y habiendo pagado la bendita primera clase, pedimos un par de tragos para campanear al estilo adeco de los setenta. Lamentablemente, nos indica la aeromoza, "eso no se va a poder porque no lo permite la ley de aeronáutica civil". "¿Y esa ley es desde cuándo?", le pregunto, "porque vengo de montarme en otro avión y campaneé lo que me dio la gana". "Yo lamento que haya otras asistentas de vuelo que violen la ley, pero yo no" nos dice la boba, de nuevo con el tonito.
Afortunadamente, Mimi se adelantó y compró seis copas de vino en el bar del aeropuerto que colocó en botellitas de agua mineral y que ahora nos servimos y campaneamos ante la mirada censuradora de la tipa que comenta con la otra "lo conflictivo que somos".
Una vez en Miami, pasamos el control de seguridad para alcanzar la conexión. Llegando al aparato antiexplosivos, seis sujetos se abalanzan sobre la señora que va delante, de noventa años, y la requisan minuciosamente. La conflictiva parejita LazoFernández cruza el control un poco molesta ante lo innecesario de la agresión. Más adelante, me percato que llevo en mi billetera una enorme llave metálica del multilock de mi casa que nunca detectó ningún control y no puedo evitar pensar en lo efectivo de esta seguridad de American Airlines que los llevó a ser usados como bombas por terroristas.
Por fin en nuestro destino, reflexionamos: el mundo está regido por la puntada de culo de los mediocres y lo peor es que uno acepta esto resignado. Uno le puede deber una úlcera a American Airlines, o puede, por lo menos, mentarles la madre. Aquí les va mi mentada. .
Fuente El Nacional Eme
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Luis Fernández |