jueves, 08 de mayo de 2008
Publicado por vivealdia @ 7:21 PM  | Bienestar
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Entre los muchos peligros que rondan a los jóvenes adolescentes, sigue ocupando un lugar predominante el consumo de drogas y alcohol.
 
La adolescencia, con todas las transformaciones físicas y psíquicas que conlleva, la búsqueda de identidad y la ansiedad que prevalecen, ofrece un terreno particularmente propicio para la iniciación en el consumo de sustancias psicotrópicas. Estas razones, sin embargo, no son suficientes para explicar por qué algunos jóvenes se hacen consumidores de drogas y otros no; incluso, no nos permiten saber por qué algunos las usan de manera esporádica y otros se hacen usuarios regulares.

Los especialistas señalan características de personalidad y dinámicas familiares que harían a unos más vulnerables que otros en materia de dependencia. El tipo de droga particular a la que se quedan "enganchados" es otro de los puntos que ha sido objeto de numerosos estudios. La escogencia de un tipo de droga podría sugerir motivos y conflictos particulares.

 No obstante, todos coinciden en que la barrera entre las drogas blandas y las duras es suficientemente difusa como para que una vez iniciado el consumo, los riesgos se extiendan por igual a todos los usuarios. El consumo de alcohol no escapa de esta alarma -aunque algunos padres ven con benevolencia el que su joven retoño "tome algunos tragos en ocasiones especiales"- y sin estadísticas recientes a mano, se puede afirmar que el promedio de edad para la iniciación en el uso de alcohol ha disminuido en las últimas décadas.

No son pocas las cosas que las personas en crecimiento descubren de las tragedias y las dificultades cotidianas de vivir en este mundo. "Paren el tren que me quiero bajar" parecen decir algunos, con demasiada facilidad, ante la evidencia. El descubrimiento de "la realidad" del mundo adulto puede despertar intensos temores y angustias.

Los efectos de las drogas en la psique permiten al joven ansioso evadir los cambios producto del crecimiento: negar sus recientes necesidades sexuales y de vinculación, no asumir los retos y la competitividad que el grupo y los estudios comienzan a exigirle. Hasta diferenciarse de los progenitores y el mundo que representan puede ser una tarea tan difícil y angustiosa que el joven necesite de una muleta imaginaria para poder enfrentarlas.

 Sin embargo, la baja tolerancia a la frustración y la tendencia hedonista no son exclusivas de los jóvenes. En general, existe una tendencia a tolerar menos los malestares físicos y psíquicos. La prescripción de medicamentos para evitar cualquier irregularidad en el niño, por pequeña que ésta sea, ha aumentado de manera considerable.

Si el niño llora mucho y no duerme suficiente se le medica, si es activo y vital se le cataloga de hiperactivo y también se le pretende medicar.

María del Carmen Míguez
mcmiguez61@hotmail.com 
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