“No le tengo miedo a ningún género musical”
Le dicen “El Pollo”, y luego de una reconocida carrera como cuatrista, instrumento del que es virtuoso, lanza al mercado su primera producción donde versiona varios temas del folclore venezolano. Una casita bella para ti es, en este momento, su carta de presentación.
Cuando a Oscar D’León le preguntaron por el nombre de una de las nuevas voces venezolanas que más le llamaba la atención, respondió que “por ahí hay un muchacho muy afinado que se llama Rafael ‘El Pollo’ Brito”. Lo mismo sucedió con Ilan Chester, quien no vaciló en aludirlo. “Me cuentan que eso lo dijeron de mí, y la verdad es que yo me lo quiero creer todo”, comenta el cuatrista, compositor y cantante de 34 años, quien actualmente anda pegado en la radio con su versión en sangueo del tema Una casita bella para ti, canción que en los años ochenta pusiera de moda el intérprete Cristóbal Jiménez. “Yo sigo sorprendiéndome por la aceptación que ha tenido el disco porque cuando se empieza una carrera y se tienen muchos sueños, y cuando éstos empiezan a concretarse uno se alegra. Esto ha sido el suceso más importante de mi carrera. El propio Cristóbal Jiménez me dijo: ‘Tu disco está buenísimo, el arreglo de la canción me encantó’”.
El CD Una casita bella para ti es el primero del artista y es su primera apuesta como solista y arreglista, en una carrera musical que comenzó cuando tenía 11 años. La producción contiene diez temas, de los cuales cinco son versiones de piezas conocidas del folclor venezolano como Vestida de garza blanca, Fiesta en Elorza, Presagio, Venezuela Galopante, y la que le da nombre al disco. En la producción, vale comentar, hacen coro sus cuatro hijos: Giselle (13 años), Rafael (11), Andrés (10) y Adrián (5).
“Cuando me llamaron para el mensaje navideño de Venevisión me dijeron: ‘Vas a estar con Reinaldo Armas, Reina Lucero, Rummy Olivo, Scarlet Linares, Cristóbal Jiménez, Cristina Maica y Luis Silva’. No te niego que tenía cierto temor sobre lo que opinarían sobre mi disco cantantes de esta talla”, confiesa. Sobre todo porque Brito era reconocido como virtuoso del cuatro en los círculos de la música tradicional venezolana y se esperaba de él que fuese un purista de lo nacional a la hora de realizar arreglos. Sin embargo, se relajó pensando que la gente puede criticar algo que no le gusta, pero no lo que está bien hecho. “Yo le tengo más miedo a que me digan ‘está mal hecho’, a que me digan ‘eso no me gusta’. Tengo muchos años en esto, he estado muchas veces en un estudio de grabación, de manera que lo importante para mí es que esta gente dijera: ‘este disco está bien hecho’. Y eso fue lo que pasó”.
Ahora, ya con el álbum listo, piensa que las versiones lo han ayudado a hacer el camino, pues el público recibe mejor una canción conocida en un arreglo nuevo. “Además nosotros tenemos mucho que mostrar de la música venezolana, y para mí sería impensable quedarme con un solo género. Creo que este disco es una posibilidad de que la música venezolana llegue a las masas, y para que después de que esto pase, se pueda interpretar, a mitad de show, un pajarillo. Esto lo hacen Carlos Vives y Alejandro Sanz; ellos, en medio de sus espectáculos, lanzan un tema del folclore de sus países interpretados genuinamente. Nosotros tenemos más de 350 formas musicales, estamos para competir con quien sea. Cuando veo cómo la gente en el exterior recibe la música venezolana más creo en ella. Nuestra música puede ser concebida como una obra para virtuosos pues tiene ciclos de improvisación como el jazz”, enfatiza el cantautor.
Todo en uno
Rafael es caraqueño, pero tiene el seseo característico del hablar oriental y un currículo que lo hace parecer maracucho. Lo primero, seguramente, le viene de su papá carupanero, y lo segundo es una afinidad arraigada desde cuando era muchacho y la gaita era pretexto para la juerga. El apodo de “El Pollo” lo lleva desde los 12 años y se lo puso una profesora, Raquel González, porque era muy flaco y tenía la voz muy ronca. Aunque el material promocional del disco y su portada lo presentan como Rafael Brito, la experiencia le indica que difícilmente logrará deslastrarse del sobrenombre. “Cuando el Conservatorio Simón Bolívar abrió la cátedra de cuatro por iniciativa de los maestros José Antonio Abreu y Valdermar Rodríguez, publicó un aviso en el que se convocaba a audiciones con Rafael Brito. No entendíamos por qué, pero sólo se interesaron ocho personas. Después, uno de los profesores del conservatorio, Edgar Pronio, dijo: ‘No, aquí hay que poner ‘Audiciones con Rafael “El Pollo” Brito’. Llamaron 43 personas”.
El buen oído musical es herencia de la familia paterna, y fue su padre quien, precisamente, le obsequió su primer cuatro. “Me lo regaló cuando tenía nueve años y lo rompí matando un saltamontes”. Su formación musical (en serio) empezó en la Estudiantina San José Obrero, y en el Colegio Ambrosio Plaza, donde estudió primaria; era figura infaltable en los actos culturales. En la Orquesta Sinfónica del Estado Miranda aprendió a tocar el oboe y durante 12 años se dedicó —sin abandonar el cuatro— a estudiarlo, llegando a ser primer y segundo Oboe de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho. Fuera de la rigurosidad de lo clásico, Brito le dio rienda suelta a su pasión por la gaita y llegó a formar parte de grupos como Trova Gaitera, Los Morillo, Décima Gaitera, Guasinca Zuliana y Todos Estrellas. De hecho, se define como compositor gaitero. Afirma que la única gaita que ha grabado Gilberto Santa Rosa es una composición suya y de Pedro Urea, y la grabó con el grupo Maragaita, en 1997.
¿Cuál música escuchas por instinto?
“La música instrumental venezolana la escucho porque soy cuatrista de profesión. Me gusta escuchar a los que ya tienen un sitial como el Grupo Raíces de Venezuela, El Cuarteto, Ensamble Gurrufío. Entre los cantantes de música criolla, escucho a Reinaldo Armas y a Ignacio Rondón. También me gusta ver los DVD de conciertos en vivo, porque allí es que uno puede ver la calidad del artista que puede ser Luis Miguel o Alejandro Fernández, o músicos como Al Di Meola, el argentino Luis Salinas o Alejandro Sanz. Es gente muy segura de lo que hace; además son perfeccionistas. Yo también escucho a Oscar D’ León, a Marc Anthony, quien no será un sonero pero tiene mucha energía. Uno de mis artistas favoritos es el trompetista Chet Baker y uno de mis músicos preferidos es Michael Petrucciani. Ahora también escucho rock porque hay mucho que aprender de esos músicos. Hay que quitarse el sombrero en cuanto a los arreglos e instrumentación”.
¿Compositor, cantante, cuatrista..?
“Yo no puedo estar sin cantar, sin tocar cuatro y sin echar chistes. Recuerda que trabajé con Claudio Nazoa, con Emilio Lovera. He hecho muchas cosas en publicidad, imitaciones (famosas son las que hizo de Simón Díaz y María Teresa Chacín). En todo caso siempre se tiene como meta ser reconocido como compositor, como instrumentista, como cantante, para eso se trabaja en una carrera. Yo he tenido muchas oportunidades para compartir con casi todos los mejores músicos venezolanos; con artistas como Saúl Vera, Arcanos, Huáscar Barradas y Gualberto Ibarreto, por ejemplo, así que a lo largo de mi carrera he podido pulirme en cualquiera de estas áreas, pero al final, soy músico”.
¿Con quién te gustaría grabar un disco?
“Me gustaría con Oscar D’ León. Gracias a haberlo escuchado tanto fue que pude salir airoso de la improvisación que hice con Gilberto Santa Rosa en el espectáculo que presentó en el Poliedro. También me gustaría trabajar con Ilan Chester, Yordano, Frank Quintero, Huáscar Barradas, Betulio Medina. Sobre todo con gente que realce la música venezolana. Yo no le tengo miedo a ningún estilo musical”.
¿Para qué sirve la música?
“La música es para vivir. Emocionalmente me llena el alma. La música sirve para no sentirse solo, para recordar, para alegrarse. Yo escucho mucha música, y esa es la razón por la que tengo un iPOD y más de cinco mil CD. La música me ha brindado el honor de que Paquito D’ Rivera se me acercara a saludarme mientras yo hacía una presentación en un centro comercial de Nueva York. Nunca imaginé llegar a Berlín, a Francia, a Escocia con la música venezolana. Nunca me imaginé que actuaría en El Poliedro, por ejemplo, con Gilberto Santa Rosa. Yo nunca en la vida he improvisado y resulta que lo hice con un salsero de su talla”.
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Idalia De León